El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Creer que se puede cristianizar a la sociedad desde arriba es tanto un mal entendimiento neotestamentario como una ingenuidad histórica.
Leupold Scharnschlager expresa que sería sencillo “demostrar que Lutero y sus parientes espirituales, al comienzo de su enseñanza defendían más el bautismo de hombres que el de infantes”.
La tolerancia como virtud personal/grupal y concreción en instrumentos legales iba a contracorriente del entramado social, religioso y político existente en el siglo XVI.
Entre las distintas corrientes de la Reforma radical predominó la postura de que la fe no se podía imponer ni defender por la fuerza, sino lo conducente era usar la persuasión para que las personas, voluntariamente, se convirtieran al camino de Cristo.
Al cumplirse 45 años de la fundación de la FTL, en 2015 en São Paulo, Brasil, Samuel Escobar afirmó: “Me siento anabautista y en el siglo XVI fueron obligados a emigrar de un país a otro por causa de su fe”.
Vine a Oaxaca para dar varias charlas y conferencias.
Casi 3 mil personas participaron en Lausana I. La ponencia de Escobar fue una de los quince trabajos “teológicos y misionales que sirvieron de base al encuentro”.
En Latinoamérica se asentó y desarrolló, entre los conversos protestantes/evangélicos, un ethos identitario que guarda cierto paralelismo con el anabautismo del siglo XVI.
¿Qué pasará si mañana ya no necesitamos conductores para los vehículos públicos, o cajeros en los supermercados, u otros trabajos parecidos?
Escobar argumentaba que las comunidades protestantes/evangélicas latinoamericanas estaban llamadas a ser contrastantes con la cultura patrimonialista dominante y sus resultados socio económicos.
La mayor consciencia de Dios hace que su sufrimiento por lo que pasa en su creación deba ser mucho más acuciante y desgarrador que lo que podamos sentir nunca ninguno de nosotros.
La noche del 26 de enero de 1875 más de doscientas personas,armadas de machetes y rifles, irrumpieron violentamente en la capilla evangélica, con un saldo de cinco muertos y once heridos.
El 21 de enero de 1525 se produjeron los primeros bautismos de adultos en Zurich, iniciando un movimiento espiritual que se extiende hasta hoy. Conversamos con Carlos Martínez García sobre su historia, principios y legado.
A los practicantes del bautismo de creyentes y contrarios al paidobautismo, se les comenzó a llamar anabautistas, es decir, rebautizadores. Éstos, en cambio, consideraban que el único bautismo acorde a las enseñanzas del Nuevo Testamento era el de personas conscientes del acto que llevaban a cabo.
El misionero norteamericano Pedro Wagner, sin buscarla ni desearla, estimuló la planificación de una reunión en la que se fundaría, en diciembre de 1970, la Fraternidad Teológica Latinoamericana.
Ha llegado la hora de que los evangélicos tomemos conciencia de nuestras responsabilidades sociales, escribió Escobar en 1969.
Las tribunas de Pensamiento Cristiano y Certeza representaron espacios definitivos para expresar su entendimiento por escrito de la fe cristiana en relación con el contexto latinoamericano.
Siendo humano, Dios se vuelve “torturable”, y se le puede seguir u oponer, amar u odiar, abrazar o escupir, morir por Él o matarlo.
Decía Cortázar que ciertas narraciones eran una “apertura de lo pequeño hacia lo grande, de lo individual y circunscrito a la esencia misma de la condición humana.”
Escobar era un consuetudinario y ávido lector para cuando él y su esposa Lilly se mudaron en febrero de 1960 de Lima a Córdoba, Argentina, para unirse al proyecto de publicaciones de la CIEE.
El CEO de Main Memory explica de qué forma se han involucrado para apoyar un proyecto que genere un cambio positivo.
¿Cuándo una acción deja de ser marketing para ser soborno? ¿Cómo hacemos para determinar dónde está la línea roja?
En Cochabamba conoció Samuel Escobar a Carlos René Padilla, sería el inicio de una larga amistad y caminar juntos en la reflexión bíblica/teológica contextual que duró poco más de seis décadas.
“A medida que fui conociendo a presbiterianos, independientes y pentecostales, desarrollamos un respeto mutuo y un sentido de unidad en la misión”.
Para comprender las ideas compartidas por Samuel Escobar en dicho Congreso es relevante seguir su itinerario formativo intelectual que le posibilitó ser una voz en espacios teológicos del cristianismo evangélico global.
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