El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La historia de Lía nos recuerda algo profundamente consolador: Dios jamás aparta la mirada de quien el mundo ignora, y aunque el rechazo humano deja cicatrices, la gracia de Dios puede convertir esas heridas en tierra fértil.
La muchacha que aprendió a temblar delante de Dios antes de hablar delante de los hombres.
Hay caídas que terminan siendo el lugar exacto donde aprendemos a depender de Dios.
Dios sí oye, y cuando responde, no lo hace tarde… lo hace en el momento en que el alma ya ha aprendido a descansar en Él.
No necesitamos controlar el cumplimiento, sólo permanecer en la fe. Porque si Dios lo dijo…... ¡Él lo hará!
No fue la ausencia de viento lo que trajo paz a los discípulos, sino la presencia de Jesús caminando sobre aquello que parecía querer hundirlos.
Este relato une dos historias en una sola corriente de gracia. Y en medio de ambas historias, Jesús no llega tarde ¡Llega en el tiempo perfecto!
Hoy quizá no necesitas más respuestas, quizá necesitas más rendición. Tal vez has intentado sostenerlo todo… cuando en realidad, eres tú quien necesita ser sostenido.
Morir no es caer en la nada, es caer en sus manos; confiar en Él, ya no es sólo fe; es descanso seguro. Hoy no celebramos un recuerdo, celebramos una victoria eterna.
Se habló de asuntos básicos que nos diferencian de otro tipo de iglesias, como un muy buen conocimiento y centralidad exquisita en la Palabra, el celebrar la Mesa del Señor cada domingo junto con el culto libre.
Toda paternidad en la tierra encuentra su origen en el bendito Dios que nos llama hijos, cuando depositamos nuestra fe en Jesús a través de su maravillosa Gracia.
La alegría cristiana no nace de que todo vaya bien, sino de saber quién camina con nosotros.
La serpiente hirió el calcañar, pero Cristo aplastó su cabeza. Y en esa victoria, cada mujer encuentra su verdadero lugar
Si Dios pudo hacer florecer la vida del lugar más oscuro de la historia, puede hacer brotar esperanza en cualquier grieta de nuestra historia personal.
Tal vez el mayor milagro es cuando Dios abre un corazón; porque una casa se convierte en altar, una mesa en misión, y una vida común en historia eterna.
¿Cuántas veces el mal no actúa solo, sino acompañado por la pasividad de muchos?
Cuando todo golpea a la vez... la naturaleza, la ausencia, la muerte... aprendemos a distinguir lo esencial, y entonces la invitación no es a ser fuerte, ni a entenderlo todo, sino a refugiarse.
No estamos llamados a interpretar los misterios que reposan en la mente de Dios, sino a encarnar el amor que él ya nos reveló.
Sylvia Earle nos confronta con una pregunta incómoda: ¿Qué estamos haciendo con lo que se nos confió?
La restauración no empieza cuando cambiamos, sino cuando nos rendimos. No necesitamos nuevas estrategias, sino el rostro de Dios.
Hay una confianza profunda al saber que no soy la autora absoluta de mi historia, puedo elegir los colores con los que respondo a cada día, pero no cargo sola con el peso del resultado final.
Cuando miro hacia atrás, veo tu mano amarrando con fuerza mi ser débil a tu lado, y recuerdo tantas cosas, que solo puedo decir que viví sostenida por tu mano.
Este concierto expresó de un modo más que delicioso la alegría, la esperanza y la paz de todos aquellos que permitieron que el Niño de Belén viniera a sus corazones.
Amar sin diferencias no significa ignorar el dolor o fingir armonía, significa dejar que Dios modele nuestra mirada para que en cada persona descubramos un reflejo suyo.
La reflexión no es: ¿Qué soy, zorrillo o tortuga? Sino, ¿qué quiero ser cuando mi corazón esté herido?
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