El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Solía llorar cuando predicaba. Era extremadamente sensible. En medio de mucha oposición, inició un movimiento de renovación que llevó a muchos a una fe personal y sincera.
En la última cena, Jesús nos ordenó que nos amáramos los unos a los otros, no simplemente como nos amamos a nosotros mismos, sino como él nos ama. Por Mary Ho.
El poeta escribe desde el sosiego, pero sin desatender el hartazgo que generan los ‘hunos y los otros’, sean de donde sean los instalados en la contienda. Mejor ser Siervo, sin banderías.
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