El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El ministerio de un pastor no es amenaza al ministerio de otro pastor. Somos aliados.
El mensaje del reino consiste en la realidad del reinado de Cristo en todas las áreas de nuestra vida.
Dios es quien dirige y gobierna sobre su obra en el mundo, por lo tanto, es también quien llama, sustenta y protege a sus misioneros.
El Señor nos instruye a no cargar con los rechazos como si fueran asuntos personales. Nuestra tarea sigue siendo la misma: ser canales del amor de Dios.
Jesús nos envía hasta lo último de la tierra. Pero todo debe comenzar por la casa.
No tenemos por qué aceptar un destino cerrado, un callejón sin salida de padecimiento y quebranto: estamos bajo el buen gobierno de Dios.
Seamos compañeros en el trabajo de cosecha del reino de Dios.
Jesús abre la mesa para saciar esa hambre, y el pan de vida es su propio corazón.
Un nuevo reino, el reino de los cielos, está amaneciendo con Jesús.
El diablo quiere que seamos inútiles en el mundo para que no participemos en los propósitos de Dios de rescatar a su mundo por su amor.
Confía en la gracia de Dios para regresar al comienzo, para volver a escribir la historia.
El Padre quiere dar vida; el anti-padre quiere dar muerte. El Padre quiere dar alegría; el anti-padre quiere dar aburrimiento y amargura.
Me pregunto: ¿Cómo seremos recordados los de esta generación?
Al seguir a Jesús, nuestro asunto es la vida, con sus altas y bajas, tristezas y alegrías. Tenemos mucho que hacer porque estamos vivos.
Señor Jesús, tenemos tanto que aprender de ti.
La devoción a Cristo con carácter divino comenzó desde el momento en que vivió el Jesús de la historia.
La misión integral articula palabra y servicio, fe y acción, espiritualidad y compromiso público, evitando reduccionismos que empobrecen el testimonio cristiano.
La creación física ha sido hecha por Cristo, y para Cristo.
Por su gracia, Dios es invisible. Y también por su gracia, se nos ha hecho visible en Cristo Jesús.
Las primeras formulaciones de la fe en Cristo fueron cánticos: los primeros cristianos tuvieron experiencias de adoración antes de tener congresos de teología.
Como Dios, Cristo nos da el “sí” divino; y como ser humano, Cristo es nuestro “amén”, la más excelente respuesta que pudiéramos haber dado a la iniciativa del amor de Dios.
Si andamos con Cristo, amar es nuestro destino ineludible.
Pidamos al Señor que, en medio de la algarabía de las fiestas que nos distraen y nos engañan, podamos identificar y conocer el verdadero gozo de la presencia de Cristo en nuestro mundo.
Es una paz que comienza primero en el corazón y luego se manifiesta de maneras concretas en el trato cotidiano: una forma de ser pacífica, no-violenta en actitudes, palabras y acciones.
El adviento es el tiempo en el cual pedimos a Dios que nos dé su mantenimiento. Que nos revise en cuatro áreas para corregir, para reparar, para calibrar, para redirigirnos hacia su voluntad y su camino.
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