El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La teología es, para el teólogo que ahora celebramos su centenario, J. I. Packer (1926-2020), un verbo, no un nombre. Viene de un conocimiento experimental.
El cristianismo se empeña en proclamar que es la única fuerza capaz de unir a la humanidad. Sin embargo, toda su historia es de continuas divisiones y separaciones. El teólogo J. I. Packer (1926-2020), no fue ajeno a ellas.
El cristianismo está lleno de realidades paradójicas: un Dios que es uno en tres Personas; Jesucristo como Dios verdadero y auténtico hombre; pero también la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre.
Hay ciertos calificativos que cuando se utilizan contra alguien, le condenan prácticamente al ostracismo. Si lo peor que puedes decir de una iglesia, es que es una “secta”, no hay término teológico más desprestigiado en el mundo académico que el de “fundamentalista”.
Packer se refiere tanto a la santidad, no porque viera simplemente falta de ella, sino porque creía que había un concepto equivocado de la misma.
“Así como los payasos aspiran representar a Hamlet, yo he deseado escribir un tratado sobre Dios”, decía el autor británico del que ahora celebramos su centenario, J. I. Packer (1926-2020), al comienzo del prólogo de su libro más conocido.
Al llegar al final de esta serie, tenemos que darnos cuenta de que lo único que quería Packer era desafiarnos a conocer, amar y pensar sobre Dios.
Lo mejor de su obra es la conexión tan fuerte que establece entre Cristo y el Espíritu. No podemos separar uno del otro.
Packer comprendió que no hay tarea más fundamental para la teología que definir en qué consiste la inspiración y autoridad de la Escritura.
Para él la teología no era un nombre, sino un verbo. La definía como la actividad de preguntar y responder a la realidad de Dios como se ha revelado en la Escritura.
Packer acabó siendo “culpable por asociación”, para ambos lados. Para unos era un fundamentalista, para otros demasiado abierto.
El propósito de este artículo es discutir las razones por las que Packer firmó este documento y ofrecer algunas observaciones críticas al considerarlas.
Para Packer, la clave de toda paradoja es que hay que mantener los dos por igual, sin hacer ninguna concesión al respecto.
La Biblia muestra la locura de confiar en nuestro entendimiento. ¿De dónde creemos que salen todos esos cristianos ufanos de su santidad que juzgan a otros creyentes, poniendo en duda incluso su salvación?
Si Packer se refiere tanto a la santidad, no es porque viera simplemente falta de ella, sino porque creía que había un concepto equivocado de santidad.
Como Packer solía decir, su conversión “no fue nada espectacular”. Al final del mensaje, el predicador le mostró que para entrar en la fiesta había que venir a Cristo.
El teólogo y autor de “Hacia el conocimiento de Dios” es recordado como un gigante del siglo XX.
Las Escrituras muestran que desde el Pentecostés de Hechos 2 eso es fundamentalmente lo que el Espíritu está llevando a cabo en todo momento cuando empodera, capacita, purga y dirige a generación tras generación de pecadores a enfrentarse a la realidad de Dios.
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