El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La destrucción de Jerusalén no aparece ni una sola vez como un hecho consumado en el relato bíblico. En esta serie examinaremos la datación de redacción de los libros del Nuevo Testamento.
En el mundo evangélico no se dan los anacoretas ni los místicos que se retiran del mundo, pero lo que sí se puede afirmar, quizás con cuidado, es que los evangélicos viven demasiado recluidos entre las cuatro paredes de sus templos.
Mi viaje a Kiev me ha permitido comprender mejor el papel cada vez más fundamental que desempeña Ucrania en el futuro de Europa.
A finales de 1968, Ken Philpott y Hoyt crearon el Soul Inn (Posada del alma) en San Francisco, en pleno auge del movimiento hippie. Un año después, Philpott escribió sus memorias, cuyo manuscrito se perdió y que ahora, casi seis décadas después, se publica por primera vez.
La dignidad de la mujer no depende del varón o la estructura social, sino del fuero divino que la declara libre de tutela humana, propiedad exclusiva del Creador del universo.
Rubén Fernández Valle, alguien que supo caminar en esta tierra como peregrino hacia su patria eterna, aparece entre los nombres destacados en la celebración de los 45 años del Estatuto de Autonomía de Asturias.
Lo importante en nuestra vida no es lo que tenemos o lo que hacemos, sino lo que somos.
En tiempos de prisa y multitudes anónimas, urge recuperar el altar donde las personas vuelven a tener rostro.
Es triste conocer a personas que se sienten cuidadores, responsables, maestros, líderes, pastores que, sin prepararse antes, creen estar cuidando bien a personas enjauladas.
Pedir a Dios la sabiduría necesaria para vernos tal como somos, con nuestros fallos y defensas, es el primer paso para agradecer el amor incondicional que nos sostiene.
Nadie decide dejar de amar a su cónyuge. Solo deja, una y otra vez, de abrir la puerta.
Exploraremos brevemente la respuesta mediática que ha tenido el caso, especialmente entre el público femenino.
“Invertir en niñas y jóvenes es invertir en el futuro. A través de la educación, las oportunidades y el desarrollo de su potencial, ayudamos a romper ciclos de pobreza y desigualdad”, explica la Coordinadora de Proyectos de ‘Convoy of Hope’ (Convoy de la Esperanza) para España.
El Desayuno de Oración por Ucrania nos recordó que el liderazgo espiritual sigue siendo esencial en tiempos de crisis.
No nos quedemos callados, mudos ante tantos valores antibíblicos en torno a los extranjeros, los marginados, los desprotegidos, los oprimidos, los despreciados por su color de piel y otros.
El ahora centenario J. I. Packer (1926-2020) podría ser considerado “el último puritano”. Aunque él era –jugando con el título de una de las obras de su más reciente biógrafo, Leland Ryken– un “santo mundano, un puritano como eran en realidad”.
Aprender a estar satisfechos no significa renunciar a nuestras aspiraciones ni rechazar las comodidades de la vida, sino evitar que sean ellas las que determinen nuestro bienestar.
Necesitamos un reinicio: escuchar más, juzgar menos, reconocer nuestros errores, perdonar y aprender a hablar de otra manera con justicia.
Por qué casi nadie ve venir la caída de quien no deja que lo vean por dentro.
Trabajar por reducir la pobreza en el mundo debería ser uno de los objetivos de la iglesia, como acto de cumplir con el mandato de projimidad.
Packer decía lo que creía que se necesitaba oír, no lo que la gente quería oír, pero sin el autoengrandecimiento del que está encantado de conocerse. Quería desafiarnos a conocer, amar y pensar sobre Dios.
Sin la gracia de Dios no somos nada. Cuando recibimos su gracia lo tenemos todo.
El fuego es un compañero constante en la historia de la humanidad: amenazante, inspirador, reconfortante y transformador.
Si muchos jóvenes asocian el liderazgo con el estrés, la responsabilidad excesiva y un desequilibrio entre el trabajo y la vida personal, ¿cómo van a escucharnos cuando les invitemos a liderar? Por Antti Ronkainen.
Las heridas no se sanan solas ni a pura fuerza de voluntad. Piden ser reconocidas, confesadas, trabajadas y, sobre todo, entregadas a Aquel que de verdad sana.
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