El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Hay ausencias que se van asumiendo con el tiempo, otras, en cambio, sólo las puede restaurar la ilusoria proximidad, el acercamiento, la humildad, el perdón.
Vivía como propios aquellos dramas que parecían eternos, sin soluciones, con la ventaja de no tener que salir de casa.
Padre e hijo se aman, y aun así, existe entre ellos un abismo, un espacio vasto de perplejidad.
Necesito que Él me ayude mostrándome qué debo hacer para que mis ojos sean transformados.
Al mostrar las credenciales de nuestra amistad nos reconocemos al instante y aunque ya no somos las que fuimos, aún seguimos siendo nosotras.
Sales a mi encuentro y me invitas a florecer, a abrirme paso entre las grises nubes. Huele a fidelidad, a inmerecida gracia.
Mi vida sería muy distinta si no lo hubiera conocido, pues él me llevó hasta el Maestro. Me mostró la senda de la verdad, me indicó el camino hacia el Padre.
Detente, pon freno a las prisas, toma un poco de tiempo y compártelo con quien estimas. La vida es demasiado corta para dejar asuntos importantes para mañana.
La escucho con un interés repentino, un súbito deseo por oír sus cosas que me parecen hermosas simplezas.
Nadie nos avisó de los efectos secundarios de la vejez; pero no olvidemos que el Maestro prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Por Miguel Fernández.
En situaciones adversas nos toca servir ración doble de empatía, de solidaridad. Arrimar el hombro, echar una o dos manos y mostrar generosidad para ayudar al necesitado.
Podemos ornamentar las muestras de afecto del mil diferentes maneras, pero si es Amor, tiene que estar escrito con la caligrafía de Dios.
El sencillo ejercicio de escribir todo lo bueno que aparece ante mí hace que mientras lo plasmo descubra lo privilegiada que soy.
Permitamos que sea Él quien tome las riendas.
Basta de colores, basta de tanto consumo, basta de tanta tonta musiquilla que adormece los corazones.
A veces, muchas más veces de las que creemos, el presente se alía con el ayer y funde imágenes que nos emocionan.
Calla mi corazón para que puedas oír lo que Él susurra al tuyo. Si permaneces atenta estoy segura de que podrás oír como te llama por tu nombre.
Una vez más, de forma delicada, la mano del Maestro trastoca lo frío y carente de vida convirtiendo lo estéril en esperanzadores brotes.
Me pides bogar mar adentro, abandonar la orilla y volver a echar las redes; una petición aparentemente absurda pero que cobra sentido cuando es expresada por ti.
El ser humano tiene la necesidad de aferrarse a la vida cuidando la memoria de quienes se fueron, para así, imprimir en el presente la presencia de seres queridos que consumaron su historia.
Es una ocasión para ordenar el espacio, deshacerse de lo que no se necesita y reutilizar lo que creíamos no volver a usar.
No debemos justificar el error que cometemos, pero hemos de saber que mediante su corrección podemos conocer la lección correcta para no volver a equivocarnos.
Conoceremos como en los silencios Él nos habla curtiendo nuestros oídos para hacernos más sensibles a su voz.
Me detengo con la confianza puesta en ti, en el único que conoce bien mi vida.
Percibirás, cada vez que el sol se oculte, que su misericordia sigue ahí, latente, viva.
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