El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Ambas facetas, la emocional, sentimental y experiencial se complementan con la vivencia de un cristianismo más racional, más doctrinal y más ético, sin exageraciones ni extremismos por ninguna de las dos vertientes.
El Evangelio es mucho más que una ética light de cumplimientos religiosos que no nos lanzan al mundo como manos tendidas de ayuda y como voz comprometida de denuncia.
Creo que las canciones de los famosos cantantes de hoy y muchos de los deseos de la juventud, muestran que estamos ante una generación necesitada de dar sentido a la vida y sentido a lo trascendente.
Hoy se minusvalora lo religioso, hay discriminaciones por motivos confesionales, se les puede ver a los creyentes como personas débiles que buscan apoyo a sus carencias psicológicas o sociales.
Se necesitan creyentes que vivan su fe en compromiso con el mundo, cristianos que rompan los muros de las iglesias para hacerlos permeables a la sociedad en la que vivimos que tanto nos necesita.
Si uno pierde la visión del prójimo sufriente, no se diviniza por mucho que alabe y mire hacia arriba buscando ser de naturaleza celeste.
El seguidor de Jesús tiene que mancharse las manos como buenos samaritanos que son capaces de dar su vida y hacienda a favor del prójimo necesitado.
La fe, para no morirse y dejar de ser, debe ser una fe comprometida con el prójimo, con el mundo, y debe ser activa dando como resultado las obras de la fe.
El Señor está con aquellos que en humildad le aman, le sirven y, en su pequeñez, se convierten en agentes de liberación del Reino de Dios en la tierra a favor de aquellos que les necesitan.
Una nota característica del dolor de Jessús era que tenía un objetivo concreto que nadie salvo Él puede proporcionar.
Las comunidades cristianas deben practicar la interculturalidad apoyadas en el concepto de projimidad que nos dejó Jesús.
No se evangeliza sólo con palabras, sino cuando se comparte la vida en coherencia con lo que profesamos.
¿Es que, acaso, nuestro tedio y cansancio de rituales y normas nos llevan a ser sordos e inactivos ante los graves problemas de un mundo injusto?
Seguimos tragándonos el gigantesco camello que se nos atraganta y nos convierte en simples religiosos que han olvidado el auténtico compromiso cristiano.
En tolerancia activa hay un gran paso hacia adelante en la línea de la projimidad de la que nos habló Jesús.
Hay una contraposición enorme entre el amor al prójimo y el culto a la eficacia con el fin de acumular y guardar para uno mismo.
Sigamos las líneas de Jesús, resaltemos sus aspectos positivos, defendamos al extranjero en debilidad, aprendamos a tender una mano a tantos y tantos inmigrantes que hay dentro de nuestras puertas.
No hay en el mundo ningún juez que esté cargado de tanta y tanta justicia, con tanta empatía a favor de los que sufren tantas y tantas injusticias que se atreva a demandar al mundo.
La Biblia nos dice que los hechos testimonian y que los compromisos de acción transmiten mensajes.
Todos somos igualmente dignos, y la presencia de Dios está con todo hombre y mujer por el hecho de ser seres humanos hechos a imagen y semejanza del Creador.
Ama de forma activa y comprometida y con mucho amor al prójimo, para que tu fe se active reflejando al Invisible en el mundo.
La política no basada en el insulto es la que va a tener en cuenta la dignidad de la persona. Sobre esto podrían aportar mucho lo creyentes ya que saben que todo hombre está hecho a imagen y semejanza del Altísimo.
Que ese deseo solidario intentando calmar algo de la sed o del hambre de nuestro prójimo sufriente, pase a ser un sentimiento y una acción que desemboque en una búsqueda o clamor por la justicia.
No nos hagamos un cristianismo a nuestra medida orientado hacia recompensas y bendiciones del Altísimo cuando no queremos comprometernos con el prójimo apaleado.
Los tiempos de Adviento y las promesas que anunciaban la venida del Mesías son para todos.
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