El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Vieron a un Lutero que tenía autoridad para hablar. Y lo quisieron callar. No por lo que había dicho, o escrito, sino por el hecho de asumir su deber de hablar y decir.
El Dios de la Biblia no está al final, en un tribunal, sino al principio, en nuestra existencia, y se encuentra con nosotros, y por eso, nos declara justos.
Que la famosa y fundante hispanidad tenga que ver con España, pues es evidente. Con qué España, qué forma y condición específica, el asunto ya es más complejo.
Nuestro Redentor siempre ha mantenido su mesa de comunión con los suyos, a los que ve en su cruz. Y siempre se ha encontrado con ellos, en sitios y circunstancias que muestran su poder y gloria.
Roger Williams sentó en el siglo XVII las bases de la libertad de conciencia y el poder democrático. José Moreno Berrocal recupera en este libro a un puritano muy desconocido incluso en el mundo anglosajón.
Quien dijo sea la luz ha iluminado nuestros corazones, y ahora vemos su gloria, y vemos el almud de nuestro intento, siempre vano.
La lectura natural, a mi modo de ver, de los Evangelios es tomar los textos como continuidad de la Escritura anterior. Asumiendo, eso sí, que su continuidad tiene un tiempo vacío de cuatro siglos.
La enseñanza del Redentor y sus apóstoles se ha cambiado por las tradiciones de los hombres.
Sus profetas y pastores no son “maestros” de un grupo, sino portavoces y testigos de su Maestro. Les vino la palabra de Yahvé y la proclamaron.
Los Apóstoles mismos no tuvieron mucha idea de qué se les estaba ordenando, y si ellos andaban así, tampoco vamos a llegar nosotros como maestros que saben de todo.
El fuego humano quema y no edifica, el de Dios da significado y acredita: una palabra es vanidad y la otra poder y permanencia eterna. Una permanece, la otra, se quemará.
Tras el asunto Lutero y la protestación de los señores y ciudades libres, la guerra contra la nueva forma religiosa y política no tuvo fronteras, también concernía a las nuevas tierras conquistadas.
El derecho a emigrar era propio del ser humano como ser humano y suponía poder desplazarse de un lugar a otro, en búsqueda de una casa donde ser libre y poder comunicar con esa libertad con los suyos y sus vecinos.
El único sustento de nuestras almas es Cristo; y por eso nuestro Padre celestial nos convida a que vayamos a Él, para que, alimentados con este sustento, cobremos de día en día mayor vigor, hasta llegar por fin a la inmortalidad del cielo.
El papado adulto aparece entre el 754 al 756, cuando Pipino el Breve donó los territorios conquistados a los lombardos al papa de turno. Luego, en el 774, Carlomagno, confirmó la donación.
Siempre he tenido claro que nuestra Reforma es la propia de Europa, con sus circunstancias, pero un solo campo de bendición.
María Goretti Luis, profesora de Hebreo Bíblico en la Facultad Internacional de Teología IBSTE, publica una edición crítica y traducción del segundo comentario a Génesis de Ibn Ezra.
El acuerdo, suscrito por el consejero Antonio Sanz y el presidente del CEAA, José Manuel Marín, establece un marco estable de colaboración institucional e incorpora por primera vez compromisos concretos en torno al patrimonio protestante andaluz.
La Escritura pone la culminación de nuestra salvación en que el Señor, aboliendo las enemistades, nos ha recibido en su gracia.
Que nadie desarme la Palabra. Que cumpla, porque lo va a cumplir sí o sí, su propósito.
Que se debe someter todo pensamiento a la Verdad, claro, pero en este caso ya está sometido a la verdad de la vista.
Nuestros pecados han sido perdonados, y ya no están más. Nuestro Sacerdote intercede siempre por nosotros. Somos su Cuerpo, del que nadie será dañado ni partido.
Cristo media e intercede por nosotros para hacernos llegar poco a poco a una perfecta unión con Dios.
El ministro solo debe ocuparse en la edificación de la iglesia para la salvación de las almas, y honrar así la Majestad de nuestro Señor, sometiendo todo pensamiento a su obediencia.
Mi único consuelo es la condición de nuestro Redentor de profeta, rey y sacerdote.
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