El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Aquellos parajes de incomparable hermosura quedarían para siempre fuera del alcance del hombre.
La vida dio un vuelco. Hubo un antes y un después. Y comenzó para ella la andadura de una hija de Dios.
Siempre ocurría igual: cuando él hablaba, ya no quedaba nada por añadir.
— Vamos al mar a pescar dinero — le dijeron.
Me vi condicionado y sobrepasado por una fuerza que entonces ni siquiera supe reconocer.
— ¿Tú qué harías? ¿Arrancarías el papel pintado o empapelarías el nuevo sobre el viejo?
Los que estamos bregados en escuchar lo callado sabemos del amor que la embarga.
Relato de fantasía (¿o no?). En Murcia, pero con el corazón en Ceuta y Melilla, a 30 de agosto de 2026.
Su vida espiritual empezaba a mostrar grietas preocupantes, y aquella dejadez en sus compromisos no auguraba nada bueno.
Los atrevidos, que sí. Los prudentes, que no.
— Porque, Sansoncito… al final, lo de tu fuerza…
Durante décadas fueron de una utilidad extraordinaria, mucho antes de que las pantallas de los móviles y de internet los fueran relegando al olvido.
Conviven conmigo. Se han apoderado de la llave y ejercen tal dominio que ya no tengo fuerzas para expulsarlos.
Terminó sus estudios y lo primero que hizo fue recorrer el vecindario escuchando toda clase de quejas y confidencias.
¿A qué llega el hombre?
Lo que anhelaremos ver serán las marcas del Amor eterno que nos une a Él. Vernos en Él.
Aunque usted no sea tan devoto, ferviente, entusiasta y constante en la oración, recuerde que es solo en Cristo que Dios le escucha y le acepta.
María se lleva la palma.
Su parábola favorita era la del sembrador.
Aquel silencio fue más revelador que muchas respuestas. Acabó por delatar a todos.
Le recomendaban encarecidamente que, alguna vez, hiciese el esfuerzo de admitir una falta.
Se empieza a plantear la emigración masiva de todos aquellos que posean recursos suficientes para abandonar la Tierra.
Los padres se miraron horrorizados. Les escandalizaba la forma en que su hijo parecía adentrarse en el mundo.
Habitaba el mismo barrio, la misma casa; dormía en la misma habitación, en la misma cama; calzaba los mismos zapatos y vestía los mismos calzones.
Me fui. Y me acerqué a lo que siempre me había atraído: la filosofía.
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