El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El cuco básica y esencialmente se comporta aprovechando el esfuerzo de otros pájaros para criar y perpetuar su especie.
Quizás será necesario recordar y recordarnos a nosotros mismos aquel triple lema atribuido a Agustín de Hipona: “En lo esencial, unidad; en lo secundario, libertad; en todo, caridad”.
Hemos de insistir en que eso de “cambiar la forma de ser cultural”, sin la aplicación radical del Evangelio de Jesucristo, no serviría de nada; se quedaría solo en palabras y las cosas seguirán como siempre.
Si bien creemos en el poder de Dios para transformar vidas y en los milagros, también creemos que no necesariamente todos los milagros son de origen divino.
Nuestra sociedad necesita personas que, habiendo tenido un encuentro real y personal con el Señor Jesús, han experimentado la realidad de esa experiencia que la Biblia llama “nacer otra vez”.
La lección o lecciones no se derivan del hecho de practicar una disciplina como tal, sino de la actitud que se adopta y mantiene en el ejercicio de la misma.
Como creyentes en el Señor Jesús podemos estar seguros que de todo cuanto experimentamos a lo largo de nuestra vida, contribuye a enseñarnos algo.
La resurrección propició la venida del Espíritu Santo a los seguidores de Jesús capacitándoles para vivir la vida cristiana, testificar de Cristo y extender el reino de Dios en la tierra.
Solo el perdón traerá la verdadera reconciliación, y podrá cortar con la maldición que asola tantos corazones en nuestra nación.
La revelación no se acabó con el Jesucristo histórico, sino que continuó con y después de la resurrección de Jesús.
Cuando el mensaje del Evangelio se vive tal y como lo demanda el Señor, se comunica con palabras de vida, pero también con acciones que van impregnadas de la misma vida, para Su gloria.
No vale ser “católico” o “protestante” o de otra denominación religiosa, sino haber sido objeto de la gracia de Dios y de una verdadera conversión.
Hay condiciones para entrar en el reino de Dios; y nosotros no tenemos derecho de negarlas y/o removerlas tratando de ignorarlas, como si no estuvieran en las Escrituras.
Los predicadores y todos los que testificamos del Señor Jesús a otras personas, hemos de tener en cuenta el nivel de experiencia de cada uno.
“La oración del pecador” no es sino un resumen de lo que significa haber entendido el Evangelio, haberse reconocido pecador necesitado de la salvación y haber reconocido que Jesucristo es el Señor y Salvador.
La oración era “marca” especial de Rafaela. Ella era un ejemplo de lo que significa aquel dicho: “Ora et labora”. Oración y trabajo, era una realidad en ella.
Jesús puso muchas veces a los niños como ejemplo de sencillez y buena disposición para recibir el mensaje divino.
A pesar de lo que vemos, y en parte padecemos, la puerta de la gracia siempre estará abierta a la posibilidad de cambio.
Aparte de nuestras agendas, bien podríamos dar todo el lugar que sea necesario para aquella “agenda de Jesús” por la cual Él quiere cumplir su voluntad en nosotros y a través de nosotros a fin de bendecir a otros.
Uno podría compartir “palabra” y más “palabra” y olvidar la segunda parte: “la vida”, que debería ir asociada a las palabras compartidas y en el sentido en el cual habló Jesús.
Si bien la revelación natural nos lleva a saber de la existencia de un Dios Creador, la revelación especial nos lleva al conocimiento de un Dios salvador y redentor manifestado en la persona de su Hijo Jesucristo.
Oremos para que el Señor nos ayude a entender su Palabra y a aplicarla, en primer lugar a nosotros mismos; y luego en cada situación y contexto. Que no es poca cosa.
La cuestión desde el principio es de vida o muerte; de existir, por parte de Israel o dejar de existir, dejándose combatir y exterminar.
¿Cuál debería ser nuestra actitud hacia el Israel étnico? ¿Qué papel juega el pueblo de Israel en este tiempo? ¿Deberíamos de defender todo cuanto hace el Gobierno de Israel?
Hoy muchos creyentes están más preocupados de cuándo será la próxima edificación del templo en Jerusalén que del templo del cual habla tan claramente la Sagrada Escritura.
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