El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Aprender a estar satisfechos no significa renunciar a nuestras aspiraciones ni rechazar las comodidades de la vida, sino evitar que sean ellas las que determinen nuestro bienestar.
Cuando la fe nace del amor, siempre encontramos fuerzas para seguir llamando.
Vacía estaría mi vida si no la destinara a darte la gloria, si entre los fuegos de artificio de este mundo no encontrara la razón precisa y sabia de ensalzar tu nombre.
Una niña que accedía a ponerse aquellos brillantes zapatos con desdén y desgana pues, dado el poco uso que hacía de ellos, estos siempre le provocaban dolor.
El Maestro de maestros sigue arañando el interior con palabras que arden dentro del corazón que las recibe y las acuna.
Bajo tu protección mis heridas sanan; arropada por tu gracia, vuelve el brío a mi desanimada alma y crece de nuevo la desteñida esperanza.
Las sandalias de Jesús contarían historias de inefable valor.
Hay ausencias que se van asumiendo con el tiempo, otras, en cambio, sólo las puede restaurar la ilusoria proximidad, el acercamiento, la humildad, el perdón.
Padre e hijo se aman, y aun así, existe entre ellos un abismo, un espacio vasto de perplejidad.
Necesito que Él me ayude mostrándome qué debo hacer para que mis ojos sean transformados.
Al mostrar las credenciales de nuestra amistad nos reconocemos al instante y aunque ya no somos las que fuimos, aún seguimos siendo nosotras.
Sales a mi encuentro y me invitas a florecer, a abrirme paso entre las grises nubes. Huele a fidelidad, a inmerecida gracia.
Mi vida sería muy distinta si no lo hubiera conocido, pues él me llevó hasta el Maestro. Me mostró la senda de la verdad, me indicó el camino hacia el Padre.
Detente, pon freno a las prisas, toma un poco de tiempo y compártelo con quien estimas. La vida es demasiado corta para dejar asuntos importantes para mañana.
La escucho con un interés repentino, un súbito deseo por oír sus cosas que me parecen hermosas simplezas.
En situaciones adversas nos toca servir ración doble de empatía, de solidaridad. Arrimar el hombro, echar una o dos manos y mostrar generosidad para ayudar al necesitado.
Podemos ornamentar las muestras de afecto del mil diferentes maneras, pero si es Amor, tiene que estar escrito con la caligrafía de Dios.
El sencillo ejercicio de escribir todo lo bueno que aparece ante mí hace que mientras lo plasmo descubra lo privilegiada que soy.
Permitamos que sea Él quien tome las riendas.
Basta de colores, basta de tanto consumo, basta de tanta tonta musiquilla que adormece los corazones.
A veces, muchas más veces de las que creemos, el presente se alía con el ayer y funde imágenes que nos emocionan.
Calla mi corazón para que puedas oír lo que Él susurra al tuyo. Si permaneces atenta estoy segura de que podrás oír como te llama por tu nombre.
Una vez más, de forma delicada, la mano del Maestro trastoca lo frío y carente de vida convirtiendo lo estéril en esperanzadores brotes.
Me pides bogar mar adentro, abandonar la orilla y volver a echar las redes; una petición aparentemente absurda pero que cobra sentido cuando es expresada por ti.
El ser humano tiene la necesidad de aferrarse a la vida cuidando la memoria de quienes se fueron, para así, imprimir en el presente la presencia de seres queridos que consumaron su historia.
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