El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Nuestros pecados han sido perdonados, y ya no están más. Nuestro Sacerdote intercede siempre por nosotros. Somos su Cuerpo, del que nadie será dañado ni partido.
Cristo media e intercede por nosotros para hacernos llegar poco a poco a una perfecta unión con Dios.
El ministro solo debe ocuparse en la edificación de la iglesia para la salvación de las almas, y honrar así la Majestad de nuestro Señor, sometiendo todo pensamiento a su obediencia.
Mi único consuelo es la condición de nuestro Redentor de profeta, rey y sacerdote.
Que el término “calvinismo” se usa de formas muy variables es evidente. Algunas, muchas, son una simple negación de lo que sería el calvinismo.
Démosle prioridad a escuchar una Ley que promete bienestar y felicidad con buena convivencia social.
El rector del Seminario Teológico de Sevilla, Andrés Messmer, explica el origen y propósito de un libro que recupera textos clave del protestantismo español del siglo XVI, ofreciendo a las iglesias de hoy una conexión con sus propias raíces históricas.
No es que nosotros hemos “alcanzado” algo, sino que el tiempo nuevo nos ha alcanzado a nosotros. Y de eso tenemos noticia por la Palabra.
Aún hoy existe algo de confusión respecto al uso en relación con el nombre de nuestro Casiodoro de Reina.
La Reforma Protestante, en sus inicios al menos, quitó la cultura de la falsificación. Eso es lo que produce la Palabra.
Nuestra existencia como redimidos es una celebración continua, eterna.
Casiodoro de Reina muere en Fráncfort, el 15 de marzo de 1594. En esa fecha es recordado en su pueblo natal, Montemolín; cada año hacemos actividades.
El Evangelio y la Ley del Redentor, cuando llega a los espacios del trono y el altar, son recibidos con rechazo y afrenta.
Nuestro púlpito proclama la misericordia y el perdón, la obra perfecta del Cristo, con la cual nos ha puesto en la mesa de comunión con Dios.
Unos sujetos bien armados y pertrechados, que buscan y se llevan a personas civiles desarmadas, en las ciudades, por las calles, por las casas
Nuestro Redentor, el Rey de reyes, preside sobre todas las cosas.
Para Juan Calvino su encuentro con el librero anabautista Thyven Bellot fue un episodio más que le fortaleció en el reduccionismo que hizo del anabautismo, que tuvo varias corrientes, pero que el reformador francés fue incapaz de vislumbrar.
En oriente la imagen del emperador se identifica con la de Cristo, y la de María con la madre del emperador. En occidente, con Roma como centro, la imagen de esposa la ocupa la Iglesia.
Recordemos lo evidente: que ningún redimido puede asumir que su obra es meritoria, o que supone un apoyo o ayuda a la de Cristo. Ninguno. Ninguna.
Tenemos que proclamar la gloria y verdad de Cristo y su obra perfecta, para libertad a los cautivos, ojos a los ciegos… Sin pérdida de tiempo.
Malos tiempos, pero como otros en el pasado. Los leviatanes lo tienen siempre peor; y los pastores inútiles que los revisten de justicia, ya está dicho: “perecerán en su propia condenación”.
El libro “El Campamento de los Santos”, o “El desembarco”, como apareció en castellano, se convirtió en lectura, para reflexionar, aunque la reflexión sea peculiar, sobre la situación de Europa, Francia en concreto.
Los documentos de enseñanzas, los catecismos de la Reforma, suponen, en sus inicios el proyecto común de conocer la Verdad, sin fantasías y especulaciones traicioneras.
Que el Señor nos libre de nuestros caminos. Solo en Él tenemos seguridad y perseverancia. Nadie nos puede separar de su amor, ni nosotros mismos con nuestras torpezas.
Con la Ley y el testimonio de Dios, con su Escritura, tenemos que rechazar los códigos morales, rituales y civiles de los que no se sujetan a su autoridad.
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