El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
En lo secreto es donde Dios nos confirma que somos sus hijos e hijas en Cristo Jesús, por el Espíritu Santo.
El corazón endurecido no ve la realidad de Cristo y no percibe el mensaje del evangelio. En vez de eso, sus ojos están muy abiertos a ver lo que no deberían ver, a mirar lo que lo envenena.
Lo que se necesita para dar fruto no es una capacidad racional superior, ni contar con un entendimiento privilegiado para razonar los enredados misterios de los dogmas teológicos. Lo que se necesita es un corazón dispuesto.
Para recibir las parábolas de Jesús es necesario tener la disposición correcta del corazón. No son acertijos misteriosos ni cabalísticos. Son historias sencillas para los de corazón sencillo.
Ante la obra redentora de Cristo Jesús no hay más que doblar la rodilla y rendir el corazón en total entrega.
Dios nos dio la facultad de hablar. Usemos nuestras palabras para dar vida y esperanza. Escuchemos atentamente, y hablemos con prudencia y con sentido
Un corazón lleno de las palabras de vida que vienen de Dios bendice cuando habla. No sólo por lo que dice, sino por la gracia y la misericordia con que lo dice.
Hay que aprender a concentrarnos más en el qué, en el milagro de la gracia, y a dejar de mirar tanto el reloj, a dejar de concentrarnos en el cuándo ocurren las cosas.
Jesús está enfocado en defender a los trabajados que se acercan a él con fe. Su gracia es abundante, y está en primer plano, pues es su prioridad.
El Señor Jesús nos muestra al Padre cercano, que nos ve en lo secreto, que conoce y provee por su gracia en nuestras necesidades.
En la cosmovisión bíblica, ser impasible es tener el corazón endurecido, seco y muerto.
Es con los ojos nublados por las lágrimas, que preguntamos con Juan el bautista: ¿Eres tú, Jesús?
El ministerio de un pastor no es amenaza al ministerio de otro pastor. Somos aliados.
El mensaje del reino consiste en la realidad del reinado de Cristo en todas las áreas de nuestra vida.
Dios es quien dirige y gobierna sobre su obra en el mundo, por lo tanto, es también quien llama, sustenta y protege a sus misioneros.
El Señor nos instruye a no cargar con los rechazos como si fueran asuntos personales. Nuestra tarea sigue siendo la misma: ser canales del amor de Dios.
Jesús nos envía hasta lo último de la tierra. Pero todo debe comenzar por la casa.
No tenemos por qué aceptar un destino cerrado, un callejón sin salida de padecimiento y quebranto: estamos bajo el buen gobierno de Dios.
Seamos compañeros en el trabajo de cosecha del reino de Dios.
Jesús abre la mesa para saciar esa hambre, y el pan de vida es su propio corazón.
Un nuevo reino, el reino de los cielos, está amaneciendo con Jesús.
El diablo quiere que seamos inútiles en el mundo para que no participemos en los propósitos de Dios de rescatar a su mundo por su amor.
Confía en la gracia de Dios para regresar al comienzo, para volver a escribir la historia.
El Padre quiere dar vida; el anti-padre quiere dar muerte. El Padre quiere dar alegría; el anti-padre quiere dar aburrimiento y amargura.
Me pregunto: ¿Cómo seremos recordados los de esta generación?
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