El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Javier Cercas ahonda en la pérdida de la inocencia, el universo quinqui de los 70 y los hilos del destino, en una profunda radiografía de la adolescencia y la marginalidad.
La guerra civil española es el marco de esta novela que profundiza en la memoria, la carga de la culpa y la dificultad de vivir sin un verdadero perdón.
Reconocemos el diagnostico que hace la Biblia de nuestra triste realidad. Pero hay una esperanza de salvación, que no viene de nosotros, sino de Aquel cuya sangre nos limpia de todo pecado.
La verdad última es teológica, no filosófica. Cuando el cristianismo reconoce que Jesús es la Verdad (Juan 14:6), relativa al relativizador y busca la trascendencia de ese Dios infinito que se revela en lo personal.
Ningún suceso puede ser trágico en última instancia, porque gracias a la bondad inmerecida de Dios cada experiencia de la vida ayuda para su bien final.
Los cristianos creemos que nuestro lenguaje espiritual puede ocultar la realidad de lo que somos, cuando la Palabra de Verdad descubre nuestra impostura.
No puedo leer una obra como “El Impostor”, sin emocionarme. Como Chirbes, Cercas no escribe en contra de otros, sino contra sí mismo.
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