El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Siete voces relatan cómo han vivido la migración, el día a día de sus familias en Venezuela y las emociones encontradas tras la caída de Maduro: la alegría, el temor y el anhelo de justicia y libertad.
Venezolanos en la Puerta del Sol (Madrid) el pasado sábado 3 de enero./ France24
La diáspora venezolana en España lleva años mirando a su país con sentimientos encontrados. Esta semana, el inicio de un nuevo año les ha traído nuevamente al foco de la actualidad por los cambios políticos provocados tras la detención de Nicolás Maduro por las fuerzas militares estadounidenses.
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No es fácil ponerse en la piel de muchos de los que salieron del país en los últimos años por distintos motivos. A España han llegado en las últimas décadas más de medio millón. Algunos, huyendo de la presión de un régimen férreo; otros, buscando un futuro mejor para sus familias. Sin duda todos ellos dejando atrás una tierra amada, amigos, padres o abuelos.
Muchos son los venezolanos se reúnen cada domingo junto a otros hermanos evangélicos en España. Resultaría difícil encontrar alguna iglesia local que no haya recibido en los últimos años a personas llegadas desde este país. Estos siete testimonios, recogidos por Protestante Digital conversando con venezolanos en distintos lugares de España, son una muestra de ello y sus opiniones, reflejo de lo que está viviendo este pueblo, al que nos sentimos especialmente unidos por lazos históricos pero, sobre todo, por la fe en Jesús.
Los acontecimientos de esta semana no les han dejado indiferentes. “Es como ver un rayo de luz al final del túnel”, cuenta Dayhana, que vive en España con su familia. “Nos sentimos felices de que esto pueda estar por cambiar, aunque lamento mucho la pérdida de vidas”. Otros, como Elvis, celebraron la noticia “con lágrimas de alegría” y a la vez reconocen que en Venezuela “muchos han celebrado en silencio por miedo a represalias”.
Los motivos que les llevaron a salir de Venezuela se repiten con crudeza. Yohanna, una mujer evangélica residente en Castellón de la Plana, recuerda: “Salí porque ya no tenía acceso a mis medicamentos. Tengo lupus. Actualmente estoy en tratamiento en España, gracias a Dios”.
Jenny, dentista, llegó en 2002: “Salí de Venezuela debido a la inseguridad social y política”. Elvis, programador, emigró en 2019 en un contexto extremo: “Había cortes de luz constantes, escasez de alimentos y muchas dificultades para llevar el día a día. Salimos pensando en nuestro hijo y confiando en que el Señor nos sostendría” (y añade: “lo ha hecho al 100%”).
[destacate]“Salí de Venezuela para buscar un futuro mejor para mi hija”[/destacate]Para Blanca, que ahora vive en Toledo, la decisión se precipitó por la crisis económica: “Una vez no pude comprarle una chuche a mi hija porque si lo hacía no podía comprar una harina. Esa fue la gota que colmó el vaso”. Antes de llegar a España en 2021, pasó por Perú desde 2018, buscando “un mejor futuro para nuestra hija, especialmente estabilidad y acceso a una mejor educación”.
Mari, residente en Galicia, cuenta así su historia: “Soy sobreviviente de un tumor cerebral y necesitaba medicación permanente. En Venezuela no se conseguía, y cuando aparecía era a precios imposibles: era comer o medicinas”. Vivió situaciones de extrema dificultad ante la falta de atención médica: “Las resonancias eran muy costosas y ya no había equipos; tuve que viajar cinco horas para hacerme una”. La escasez afectaba incluso lo básico: “Hasta para comprar pañales había que hacer colas interminables y seguir un calendario según el número de identidad”. Concluye: “Si no salía, podía morir por falta de asistencia médica”.
[destacate]“Iniciar desde cero no fue fácil, pero Dios siempre estuvo cuidando de mi familia”[/destacate]Llegar a España no fue sencillo. “Iniciar desde cero no fue fácil, pero Dios siempre estuvo cuidando de mí y mi familia”, explica Dayhana. “Desde que llegamos, nuestros ánimos se tornaron diferentes”.
Elvis comparte: “Gracias a Dios estamos bien; el Señor nos ha sostenido y prosperado en este hermoso país”. Ahora, al enfrentarse a una semana de tanta incertidumbre por las noticias, Yohanna, desde Madrid, dice que trata “de mantener fe y paz. Orando para que sea Dios quien tome el control”.
Casi todos mantienen contacto frecuente con familiares en Venezuela. Yohanna dice que sus allegados “viven al límite económico por los altos precios y especulaciones. Los sistemas de salud, educación y transporte no funcionan bien”.
Jenny percibe ansiedad y miedo. “No hay información veraz y transparente de lo que sucede y eso aumenta el nerviosismo”. Mientras María relata el impacto de la crisis sanitaria: “Estar enfermo y al mismo tiempo tener para comer se ha convertido prácticamente en un lujo”. En su familia, los que están fuera ayudan para cubrir necesidades básicas, pero a veces la exigencia es inasumible: “Mi tía necesita exámenes médicos de unos 600 euros; sus ingresos apenas alcanzan para una alimentación muy limitada”.
[destacate]“En Venezuela es habitual estar en precariedad, inseguridad y temor”[/destacate]Dayhana reconoce que incluso quienes están en Venezuela les cuesta salir adelante tras tantos años de inmovilismo. “Vivir en Venezuela es estar en un estado de zozobra, incertidumbre, precariedad, inseguridad y temor”. Aunque la fe siempre es un ancla firme, como cuenta Elvis de los suyos, que “aunque han pasado por mucha necesidad, el Señor los ha sostenido”.
Mari describe la situación actual de sus familiares como muy complicada. “Literalmente sobreviven, pendientes del precio del dólar y de si hay luz o agua. Todo se dolarizó, pero la gente cobra en bolívares”.
Las reacciones ante la caída de Maduro y la intervención internacional son diversas, pero convergen en la esperanza de cambio.“Estoy viviendo estos momentos con alegría y esperanza -cuenta Jenny-. Desde hace muchos años esperamos que se haga justicia”. Elvis recuerda el impacto del primer día: “Los audios y vídeos de familiares y amigos eran preocupantes… Muchos decían: ‘Gloria a Dios, por fin vamos a ser libres’”.
[destacate]“Nadie actuó durante años para ayudar al pueblo venezolano; ahora parece que priman los intereses políticos”[/destacate]A la par, varias voces subrayan la necesidad de cuidar la salud emocional. María admite “sentimientos encontrados”: “Alegría y esperanza, pero también miedo a la decepción. Intento no saturarme con información negativa, mantener equilibrio entre informarme y protegerme”. Dayhana insiste: “Tanta información puede desestabilizarte. Trato de no enfocarme en esas situaciones y mantener un equilibrio”.
Desde Madrid, Blanca añade: “Tratamos de no leer tantas noticias; algunas desinforman o son muy amarillistas”. Mari confiesa: “Todavía esto me parece un sueño, aún no lo asimilo del todo. Es raro haber deseado tanto algo y que se cumpla”. También hay “miedo a que finalmente no ocurra nada, como ha pasado en otras ocasiones”, considerando que “durante muchos años, la comunidad internacional no actuó de manera efectiva para ayudar al pueblo venezolano, que ha vivido en condiciones de pobreza e indignidad, y eso genera desconfianza. Da la sensación de que ahora priman más los intereses políticos que el sufrimiento real de la gente”.
Los siete testimonios coinciden en un anhelo compartido: libertad, justicia y reconstrucción para Venezuela.
Jenny desea “elecciones libres y auditables, que quienes ejercieron el poder sean juzgados de forma imparcial, y que los recursos del país se inviertan de verdad en infraestructuras, hospitales, educación sin adoctrinamiento y seguridad”. María sueña con “paz, justicia y oportunidades”, respeto a los derechos humanos y que “quienes viven allá puedan vivir con dignidad, seguridad y esperanza”.
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Elvis pide que su país “sea libre de ese sistema criminal camuflado”, y que se recapitalice “espiritualmente, económicamente, en infraestructura”, para volver a abrazar a sus familias. Dayhana espera “un cambio que libere al país de la opresión, la inestabilidad, la inseguridad y las ideologías que han traído destrucción”, confiando en que “la alegría, la cordialidad y el empuje que nos caracterizan”, junto con “la mano de Dios”, sostendrán la recuperación.
Yohanna pide “que las condiciones de vida mejoren y haya estabilidad económica y social”. Blanca anhela ver “un cambio: no se trata solo del gobierno… también del pueblo”. Mari expresa su deseo de “que Venezuela vuelva a ser libre, que se respeten los derechos humanos y los servicios básicos, y ¡que sea un país al que se quiera regresar!”
*Algunos nombres han sido cambiados por seguridad
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