Son jóvenes y aman al Señor. Y son soñadores, y se dicen:
Alabemos a nuestro Señor juntos. Reunámonos un día, tengamos comunión. Todos, todos los que podamos. Y se ponen manos a la obra.
No es una idea nueva, no es una iniciativa rompedora, no son los únicos que la llevan a cabo. ¡Pero es que la realizan! Y, como son hijos e hijas de esta época sin distancias, preparan las canciones
por internet. Se pasan las letras, las partituras, los
audios, y no tiene la más mínima importancia que unos vivan en Barcelona, otros en Madrid, otros en Málaga o en Balaguer, ¡incluso en Australia! Se
reúnen en la red, oran, ensayan, organizan, reparten el trabajo, cambian impresiones, en ocasiones discrepan… pero como se aman y saben lo que tienen entre manos, y que no son ellos los que importan sino su Señor, ceden, se ponen de acuerdo, se animan, y siguen trabajando.
La semana en que se ha de celebrar el culto de alabanza van todos un poco nerviosos, pues quieren redecorar completamente el local que generosamente alguna iglesia cómplice les ha cedido para el evento, han de transportar todo el equipo de sonido, hacer los últimos ensayos, llevar todo el material para los talleres, la comida -¡que preparan hamburguesas a un módico precio para todos los que quieran quedarse a comer!-, recogen a los que van llegando de las otras ciudades, les llevan a las casas donde son acogidos, escogen la ropa para el gran día…
Sin apenas dormir, se levantan ese sábado esperado. Es el día de
Es Tiempo. Y se dirigen al lugar de reunión. Cómo agradecen el apoyo de algunos adultos que han facilitado, entre otras cosas, parte de
la pasta que ellos no tienen para el alquiler del sonido y de las luces. Cuando han hecho las últimas pruebas, han traído la lechuga fresca, los tomates, la mostaza y el
ketchup, las
play stations y las mil y una otras cosas que ofrecerán en el tiempo libre, y ven que el reloj está a punto de dar la hora del encuentro, sus ojos miran la puerta de la entrada a cada segundo, esperando a esos otros protagonistas que se sumarán a la fiesta: los invitados. Y aún siendo mañana de dormir, irán llegando, en grupos sobre todo, mientras la música, a todo volumen -por supuesto- estará sonando antes del pistoletazo de salida.
Y cuando haya un corte en el suministro eléctrico, no importará, porque seguirán cantando, en alabanza sincera al Señor, de todo corazón.
Por la noche, después de recogerlo toooooodo y dejar el local limpio y dispuesto para el culto del domingo, vendrán a casa a cenar. Les veré reventados, muertitos de cansancio, algunos no podrán casi mantener los ojos abiertos. Pero están contentos. Han venido los organizadores, los
ayudantes para lo que haga falta, algunos de los voluntarios específicos… y oran, hablan, bromean, disfrutan su juventud en Cristo. ¡Dan testimonio de ocho conversiones!
Otros jóvenes
nuestros ese mismo sábado han estado evangelizando en otro lugar, de otras maneras, o estudiando la Palabra, o disfrutando de buena comunión…
Pero aún os voy a hablar de otros chicos y chicas que me emocionan. A algunos les he visto trabajando, por ejemplo, en el
Espai Imagina, un centro desde el que la iglesia se acerca al barrio y le sirve con lo que tiene: clases de refuerzo escolar, atención psicopedagógica, conferencias, talleres de cocina, teatro, música, clases de idiomas, atención al inmigrante… Cada día, cada semana, ininterrumpidamente, con fidelidad. Y lo hacen sin que se sepa, como un equipo, perseverando, a pesar de la incomprensión de los que pretenden que
eso Cristo no lo haría, que sólo predicaría el evangelio
puro y duro, sin atender las necesidades de las personas. Y como ellos, cientos en todo el país.
Otros están en los equipos de limpieza del local de las iglesias: barren, friegan, asean los baños, los cristales. Algunos visitan enfermos, atienden las páginas web de las iglesias, escriben, se perfeccionan como actores, pintan, estudian, trabajan…
Tienen corazones sensibles, aman al Señor. Sólo les falta ir aprendiendo más y más de su Palabra, para entenderle y conocerle. Así estarán firmes y sentirán el gozo de la salvación en sus vidas. Y esa tarea, la de formarles, va a ser la que, con sabiduría de lo alto, deberemos hacer. Porque ellos son ya la iglesia de hoy, la joven y fuerte iglesia de Jesucristo.
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