Son estampas cotidianas con un sonido deudor tanto de los Beach Boys como de Belle and Sebastian, un pop ahora vitalista, ahora tristón, pero siempre preciosista, cuidado con manos de orfebre y herencia directa de la primera horda indie hispana. De hecho,
Francisco Nixon (alter ego del asturiano Fran Fernández) formó parte de los seminales Australian Blonde (sí, los del pegadizo “Chup chup”) y de los recomendables La Costa Brava (junto al recientemente desaparecido Sergio “Niño Gusano” Algora), pero años después sigue siendo un artesano alejado de la imagen distorsionada de las estrellas del rock.
Aún a riesgo de caer en la imagen de abuelo batallitas que a menudo se me escapa en estos artículos, retrocedo a mi prehistoria musical: año 1995, primer Festival Internacional de Benicàssim (FIB), hoy convertido en masivo con más de 45.000 asistentes, pero con menos de 8.000 en ese debut, desparramados en tiendas de campaña en un par de descampados en mitad del mismo pueblo.
En esa edición, el concepto indie cobraba su máxima expresión (con los años ha evolucionado, pero eso ya no se lo quita nadie), con apenas una treintena de grupos, de los que unos 20 eran nacionales (hoy la proporción va por caminos muy distintos): así, junto a bandas británicas de corte indie, y hoy algo olvidadas (como Gene, The Pastels, Ride, The Charlatans o Cranes) y otras con algo más de reconocimiento (Jesus & Mary Chain, The Wedding Present, Echobelly o Supergrass), recordar el listado de formaciones indie hispanas es para soltar lagrimilla (lagrimillas pop, que conste): El Regalo de Silvia, Señor Chinarro, Penelope Trip, La Buena Vida, Los Planetas o Le Mans pululaban por ese cartel, aunque los grandes triunfadores fueron Australian Blonde. Su
fabuloso
Pizza pop, y especialmente ese adictivo “Chup chup”, pululó por mi cabeza, por el radiocasette del coche (suena a escena de
Torrente, pero en los coches de 1995, la mayoría llevábamos un rupestre reproductor de cintas que se rebobinaban con un boli Bic) y por los mp3 de la época, o sea, loros tamaño XXL, entre toallas y guiris rebozados.
Pero
volvamos a Francisco Nixon, casi década y media después. Las clásicas listas de los mejores del año ya cuentan para este 2009 con un huequecito reservado al particular perro nixoniano, con temas espléndidos que se van incrustando en el cerebro como “Inditex”, “Erasmus borrachas”, “Museo Británico” o “Mereces toda mi atención”, en un recorrido adictivo, resultón y representativo de lo que ha sido la apuesta de un sello modélico como Siesta a lo largo de los años. Quizá el otrora bautizado como Xixon Sound (con ínfulas de ser nuestro Seattle o nuestro Manchester patrio) explotó y se incorporó durante un tiempo a alguna gran autopista musical, para volver después a su lugar natural, a esas vías secundarias, más lentas, pero con el paisaje mucho más bonito.
El mismo autor detalla en su blog que el nombre de Francisco Nixon “se trata de una identificación que me interesa como artista, para conseguir la
suspensión de la incredulidad necesaria para la eficacia sentimental de la canción. Como crítico, debo destruirla. Cuando escribo mis canciones os estoy engañando. Engañando, eso sí, con la verdad”. El prolífico músico asturiano es un sibarita del pop. Escuchar su música es adentrarse en seductoras y refulgentes perlas que han bebido tanto de La Buena Vida como de Nick Drake, pasando por Stone Roses o, por qué no, Burt Bacharach. Alguien habló de su propuesta como de un artículo de lujo, como una de esas pequeñas joyas a descubrir entre la selva de
triunfitos,
amarales y
cantosdelocos (motivos suficientes para pensar en un autodestierro del país), una oferta que es pura
delicatessen, cocinada con amor y el toque del chef del mismo Nixon, con la colaboración de Ricardo Vicente, compañero de Francisco en La Costa Brava y antiguo componente de los también recomendables Tachenko (gran nombre para un grupo de pop, con esas reminiscencias kitsch de la figura del gran, en todos los sentidos, jugador de baloncesto).
Samuel Beckett dijo que “no existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza”, una frase que el sello Siesta utiliza como declaración de principios, una frase que sirve para moldear desde una nada aparente, desde el sofá de casa, pequeñas píldoras del mejor pop del mundo.
Y tal como nos recordaba Joel Forster en el fabuloso artículo de la semana pasada (
La palabra y el Pop), hay que hablar de gente como Francisco Nixon, hay que escribir, analizar, paladear y moldear, con la palabra, las sensaciones que artesanos como él aún son capaces de transmitirnos.
Escucha temas de Francisco Nixon: www.myspace.com/frannixon
Lee su blog: http://francisconixon.blogspot.com
Escrito por:
Jordi Torrents
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