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Antropoceno: ¿cómo cambiar el rumbo?

Todavía estamos a tiempo de hacer buen uso de nuestra inteligencia y de los mejores sentimientos que tenemos para proteger el derecho a la existencia de todas las demás criaturas del planeta.

IMAGINA AUTOR 87/Antonio_Cruz 30 DE MARZO DE 2025 10:00 h
Foto de [link]Anne Nygard[/link] en Unsplash

El término “Antropoceno”, nacido a comienzos del siglo XXI para designar la época geológica en la que el impacto del ser humano ha tenido una influencia negativa sobre los ecosistemas, ha sido muy debatido, no sólo en el ámbito científico sino también en el político, sociológico y filosófico.[1] Al principio, se pensó que era un buen candidato para constituir una nueva época geológica que sucediera o reemplazara al período Holoceno perteneciente al Cuaternario. Sin embargo, la mayor parte de las organizaciones de geólogos especialistas en el tema se opusieron a ello por considerar que no se puede atribuir una fecha exacta para sus inicios. Por otra parte, el intervalo temporal que abarca dicho registro estratigráfico es demasiado breve como para atribuirle el estatus de período geológico. Por tanto, se consideró que el Antropoceno era más una declaración política que una propuesta verdaderamente científica. No obstante, el término se sigue usando actualmente de manera informal como una metáfora de los cambios que el hombre está provocando en el medioambiente.



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La palabra “Antropoceno” fue introducida por el químico neerlandés Paul Crutzen -premio Nobel de química en 1995 por sus estudios sobre el ozono atmosférico y exdirector del Instituto Max Planck de Química en Mainz (Alemania)- durante una conferencia científica realizada en el año 2000.[2] Al principio, faltaban los datos concretos que corroboraran la validez de dicho período profundamente humanizado. Sin embargo, el análisis de varios lugares contaminados del planeta aportó las evidencias científicas que hacían falta. Se trata de alteraciones en la biosfera que pueden ser medidas objetivamente y que son susceptibles de atribuirse directamente a las actividades humanas. En este orden de cambios estaría, por ejemplo, el aumento demasiado gradual del CO2 en la atmósfera; las variaciones también graduales de los porcentajes de los isótopos estables del carbono (como el 12C y el 13C) debidas a la actividad humana y el aumento de los isótopos radiactivos en la atmósfera, como consecuencia de las explosiones nucleares, a partir de la década de 1960.



En este sentido, el lago Crawford de Ontario (Canadá) ha sido señalado como el marcador oficial que determina el inicio del Antropoceno.[3] Situado a pocos kilómetros de Hamilton, la ciudad industrial más grande de Canadá, en el fondo del mismo se acumulan varias capas de sedimentos contaminados. Allí hay estratos de microplásticos de diversos tamaños, así como cenizas que llegaron por vía aérea y sedimentaron, restos de la quema de combustibles fósiles, rastros de plutonio procedentes de las bombas nucleares que se hicieron explotar con fines “científicos”, etc. Todos estos materiales proceden de la urbanización, del uso del petróleo, de la tala de los bosques para la obtención de madera y para la creación de cultivos industriales, así como de la explotación de los recursos naturales por la mano del hombre. Los científicos eligieron este lago canadiense como punta de lanza para ejemplificar el Antropoceno, pero podrían haber seleccionados otros muchos lugares alterados con similares características. Todos ellos evidencian la influencia humana negativa en el ambiente durante los últimos milenios.



En el lago Crawford, cuando el agua se calienta por la acción solar, los iones de calcio y carbonato procedentes de las rocas de los alrededores se combinan y solidifican en pequeños cristales de calcita. Estos cristales se van hundiendo lentamente y forman cada verano una delgada capa blanca en el fondo del lago. El análisis de dicha capa sedimentada es el que proporciona a los investigadores un marcador cronológico preciso que les permite determinar los años y las distintas épocas históricas. De esta manera, descubrieron que en el año 1950 se produjo un notable aumento en la concentración de partículas de plutonio. Esto era una clara indicación del impacto humano y del inicio del Antropoceno ya que el plutonio es un metal radiactivo, la mayor parte del cual se origina en los reactores nucleares construidos por el hombre. Por tanto, se pudo determinar que la gran actividad industrial y socioeconómica de mediados del siglo XX causó alteraciones importantes en los ecosistemas terrestres, poniendo fin a una etapa de estabilidad del Holoceno, que había durado unos 11.700 años.



A los elementos radiactivos del fondo del lago hay que añadir otros marcadores que llevan también la impronta humana, tales como las partículas procedentes de la combustión, los microorganismos modificados por dicha contaminación, los contaminantes de origen orgánico y otros que los ecólogos tienen en cuenta en sus investigaciones. Todos estos datos revelan que antes de la expansión industrial de mediados del siglo XX (que fue la más determinante) hubo también otros impactos humanos menores, tales como la tala de bosques para facilitar la agricultura, practicada tanto por las comunidades indígenas, durante los siglos XIII al XV, así como por los colonos europeos del siglo XIX. 



 



¿Estamos a tiempo de revertir este proceso?



Cuando se quemó accidentalmente la catedral de Nôtre-Dame en París, en el 2019, la gente salió a la calle llorando porque se estaba perdiendo un patrimonio cultural significativo para la humanidad. Muchos franceses aportaron recursos económicos para su reconstrucción. Dos años después, en el 2001, el régimen islámico talibán destruyó los enormes Budas del valle de Bamiyan, en Afganistán, ejemplos del arte greco-budista, todo el mundo condenó semejante acto de barbarie por el atentado cultural que suponía. Sin embargo, resulta curioso que la tala de bosques milenarios en el corazón de Europa o de selvas frondosas en Sudamérica para sustituirlos por monocultivos industriales no despierte las mismas emociones. Estos ecosistemas son también como catedrales o monumentos naturales que forman parte del patrimonio de la biosfera, al que pertenecemos todos. ¿Por qué no suele experimentar el mundo occidental ese mismo sentimiento de pérdida irreparable?



Muchos responden a esta cuestión alegando que ya somos más de ocho mil millones de personas en el mundo y todos tienen que comer. Se necesitan por tanto muchos campos de cultivo para nutrir tantas bocas humanas. La producción de alimento estaría así por encima de la conservación de los ecosistemas naturales. Sin embargo, los ecólogos dicen que la agricultura y los demás usos de la tierra constituyen precisamente la principal causa de la pérdida de biodiversidad del planeta ya que consumen mucha agua potable y contaminan los ríos y océanos, además de emitir el 24% de los gases de efecto invernadero. ¿Cómo salir de este círculo vicioso destructor? ¿Es posible tener una alimentación saludable y a la vez cuidar el planeta de manera sostenible?



 



Desperdicio de alimentos



Actualmente se producen alimentos en el mundo para abastecer las necesidades de unos diez mil millones de personas. Es decir, muchas más de las que hoy somos. Lo malo es que un tercio de dicho alimento se desperdicia a lo largo del camino que va desde el productor hasta el consumidor. Según la FAO, el valor de tales alimentos desperdiciados -casi un billón de dólares al año- podría alimentar a unos dos mil millones de personas cada año.[4] Aquí todos estamos implicados, deberíamos empezar por no comprar en exceso y reducir el tamaño de las porciones alimenticias ya que muchas de las cuales se quedan en los platos y acaban finalmente en la basura. También se tendría que reducir el número de peticiones de comidas a domicilio ya que generan muchísimos residuos que no se reciclan. Habría que empezar a valorar las frutas por su sabor en vez de por su aspecto externo. En fin, son muchas las pequeñas cosas que nosotros, como ciudadanos de a pie podemos hacer.



 



Una dieta más sana



Es posible también que tengamos que realizar algunos cambios simples en nuestra dieta habitual con el fin de reducir la huella ecológica así como las emisiones de gases de efecto invernadero. Hoy, la tercera parte de la cosecha agrícola mundial se emplea para alimentar al ganado. Sin embargo, es sabido que la cría industrial de vacuno es la manera menos eficaz de generar alimento. Hacen falta por lo menos unos 30 kilos de grano para producir un solo kilo de carne limpia comestible. Pero es que además el ganado vacuno genera metano, un gas de efecto invernadero que es 25 veces más potente que el CO2. La ganadería ocupa un 80% de la superficie agrícola del mundo, pero solo aporta el 18% de las calorías que consumimos.[5] Si nos habituáramos a una dieta vegetariana, comiendo carne o pescado de manera ocasional una vez por semana, tendríamos los nutrientes necesarios para vivir y, a la vez, nuestra salud mejoraría. Esto reduciría de manera notable el impacto medioambiental de la producción de alimentos y nuestra dieta sería más sana.



 



Reducción de la agricultura industrial



El tercer gran problema del Antropoceno son los monocultivos a gran escala. Este tipo de agricultura industrial, aparte de requerir grandes subvenciones económicas de los gobiernos, es una barbaridad ecológica ya que envenena los suelos mediante pesticidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes. Pero resulta que el suelo es un microecosistema constituido por infinidad de seres vivos, muchos de los cuales mueren y dejan de realizar la oxigenación y nitrificación del mismo. La agricultura industrial requiere mucha agua para poder regar grandes extensiones áridas y esto contribuye a vaciar los acuíferos más rápidamente de lo que el ciclo natural del agua puede reponer. El labrado frecuente rompe constantemente la estructura del suelo, reduce su capacidad de retención de agua y disminuye su fertilidad. Cada año se pierden unos 24.000 millones de toneladas de suelo fértil en el mundo, que van a parar al fondo de las cuencas oceánicas.[6] Detrás de ellos van también muchos fertilizantes agrícolas que cuando llegan al mar forman zonas muertas. Es decir, áreas en las que han desaparecido casi todas las especies.



Para revertir este tipo de agricultura industrial por otra que fuera más regenerativa, habría que reducir el labrado y plantar cultivos de cobertura que mejoraran la fertilidad de la tierra. Se trata de cultivos adicionales que se plantan junto al cultivo principal o después del mismo, con el fin de cubrir la tierra para proteger el suelo de la erosión y las altas temperaturas. La rotación de las cosechas es algo que ya conocían los agricultores antiguos, así como el uso de abonos naturales en vez de fertilizantes sintéticos. Este tipo de cultivos aumenta la biodiversidad así como el control de plagas y retienen agua, con lo cual se reduce la erosión del suelo, se recargan los acuíferos y se captura mayor cantidad de carbono atmosférico. En definitiva, se mejoraría así la salud de la tierra.



 



El control de la pesca



Los océanos también han perdido biodiversidad debido al exceso de extracción de biomasa. Existen demasiados barcos faenando y cada vez menos especies marinas que extraer. La pesca excesiva es uno de los grandes problemas que tiene planteado hoy la humanidad. Cada año, las pesquerías mundiales pierden unos 83.000 millones de dólares como consecuencia de la sobrepesca.[7] Sin embargo, hay estudios que sugieren curiosamente que reducir la pesca en un 40% incrementaría su eficacia y rentabilidad. Hay que conceder tiempo a los ecosistemas oceánicos para que se recuperen. Controlar la pesca ilegal. Proteger al menos un 30% de los océanos a nivel mundial y, a la vez, impulsar la productividad pesquera mediante el efecto beneficioso de las regiones protegidas sobre las demás que no lo están.



 



Conclusión



Si la crisis medioambiental que nos muestra el Antropoceno acaba por matarnos a todos, como ciertos investigadores pesimistas temen que pueda ocurrir, la humanidad desaparecerá de la Tierra por culpa del propio hombre. Será el egoísmo humano de vivir y actuar sólo para el crecimiento económico, que busca el poder mediante la destrucción de la biodiversidad y el uso irreflexivo de los combustibles fósiles, lo que nos habrá conducido a la extinción. Sin embargo, quizás no sea demasiado tarde. Hay ciertos indicios dispersos de que las actitudes están cambiando. Todavía estamos a tiempo de hacer buen uso de nuestra inteligencia y de los mejores sentimientos que tenemos para proteger el derecho a la existencia de todas las demás criaturas del planeta.



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Los cristianos poseemos además otro motivo fundamental para cuidar la creación. Ésta no nos pertenece sino que fue hecha por Cristo y por tanto es suya (Jn. 1:1-3). Nosotros solo somos administradores de la misma. La tierra le pertenece a Jesucristo. En la carta de Pablo a los Colosenses, en 1:16, leemos que “por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él”. Dios hizo la creación para Jesús, no para nosotros. De manera que cada vez que el hombre extingue una especie biológica de este planeta, le está robando algo increíblemente maravilloso a Jesucristo. Pocas personas piensan en esto cuando se plantean tales temas. Sin embargo, los cristianos no tenemos excusa. Creo que sería bueno, por nuestra parte, hacer de tal asunto uno de nuestros motivos de oración diaria.



 



[1] Finney, S. C. y Edwards, L. E., 2015, «The “Anthropocene” epoch: Scientific decision or political statement?». GSA Today26(3-4): 4-10.



[2] https://www.mpg.de/20614579/crawford-lake-anthropocene



[3] https://www.nature.com/articles/d41586-023-02234-z



[4] https://www.fao.org/policy-support/policy-themes/food-loss-food.



[5] https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/la-ganaderia-industrial-esta-destruyendo-el-planeta/



[6]https://news.un.org/es/story/2019/06/1457861#:~:text=Cada%20a%C3%B1o%2C%20el%20mundo%20pierde,hasta%20en%20un%208%20%25%20anual.



[7] https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2022/08/31/competition-announces-innovative-solutions-to-reduce-overfishing



N.d.E. Este artículo forma parte de la nueva serie de Imagina de la Alianza Evangélica Española. Más información aquí.


 

 


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COMENTARIOS

    Si quieres comentar o

 

Galo
01/04/2025
12:53 h
1
 
Una buena opción es cumplir el mandato entregado a Noé: prosperar a las demás especies por encima de la humana, que ni el patriarca ni sus descendientes cumplieron y así fue que los homo stultorum repoblaron el planeta y se transformaron en el terror de los demás, como bien asegura el relato del Génesis
 



 
 
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