El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Si entendemos con Stott que “la fe evangélica no es nada más que la fe cristiana histórica”, el movimiento evangélico es un lugar de encuentro y no de separación.
Si todos pretendemos honestamente llegar a la verdad, todos acabaremos acercándonos al mismo lugar.
Vivir un cristianismo de baja intensidad y asumirlo como una moralina religiosa se convierte en una pérdida de tiempo, además de aburrida en extremo.
Según el último censo nacional, hay más de 14 millones de cristianos evangélicos en el país, un 3,7% más que en 2010. Los católicos han descendido un 5%.
¿Cómo es que un periodista se pone a investigar una historia? Solo porque tiene un sentido de sí mismo como individuo, que no tiene ni más ni menos derechos que cualquier otra persona de la sociedad. Un artículo de Jenny Taylor.
El concepto agonizante del cristianismo, Unamuno lo extiende a su patria, España: “La agonía de mi patria, que se muere, ha removido en mi alma la agonía del cristianismo. Siento la agonía del Cristo español, del Cristo agonizante”.
Existen enormes disparidades en la distribución de recursos entre los cristianos del norte y del sur: el norte tiene la mayor parte del dinero, pero el sur tiene más cristianos. Un artículo de Gina Zurlo y Todd Johnson.
Creer que la tradición judeocristiana tiene la culpa es fácil para el ser humano de hoy que tiende a alejarse de las cuestiones religiosas. Ahora bien, ¿es acertada semejante acusación?
El notable surgimiento de iglesias pentecostales en África en los últimos decenios debe entenderse como el esfuerzo acumulado de los movimientos de renovación que tuvieron lugar en África durante el siglo anterior. Un artículo de Daewon Moon.
El cristianismo no puede ser olor a cirio y sacristía, sino olor grato del amor sincero y servicial al prójimo.
¡Yo soy de Cefas, yo soy de Apolo!, se dice en la carta a los Corintios. Pero Pablo dice que todos somos de Jesús. Por Javier Domínguez Angulo
Jesús es único entre todos los fundadores de religiones. Dijo que el destino eterno de las personas dependía de lo que cada cual hiciera con él.
Usamos el nombre de Dios en vano cuando predicamos un cristianismo vacío de contenido bíblico, hueco, quietista, descafeinado y sin pasiones.
La fe cristiana misma surgió de los gemidos de liberación del mal. Los confinamientos ofrecen oportunidades para reflexionar sobre los dolorosos orígenes de nuestra fe. Un artículo de J. Kwabena Asamoah-Gyadu.
Una encuesta de un grupo de investigación secular asegura que en el país hay “cientos de miles” de cristianos y que el número crece hasta superar el millón.
Según el ateísmo, lo único que posee existencia real sería el universo físico o material.
Cada religión concibe a Dios a su manera y lo representa de forma diferente.
Contextualizar no debe ser sinónimo de acomodar el Evangelio al gusto de las personas y culturas.
La filosofía analítica de la religión no solo está bien viva, sino que también goza de buena salud y de fortaleza.
Debemos tomar con responsabilidad las críticas a la adulteración del cristianismo que desde distintos lugares se nos hacen.
No hay intermitencias en la entrega misionera de Monroy; no hay espejos rotos en la rotación en que divide su tiempo para predicar la Palabra con el ejemplo.
Los cristianos somos como versos sueltos del verdadero himno a la alegría, que fluye de un alma redimida y eternamente agradecida por la impagable dicha de la salvación.
Parte de la investigación de Sanneh se centra en que, lejos de destruir las culturas indígenas, el trabajo misionero preservó y estimuló otras culturas. Un artículo de Wanjiru M. Gitau.
La ética cristiana, aplicada al mundo, podría salvar tanto a la tierra como al hombre que la habita, así como a sus ecosistemas.
Con su libro, el misionero Pedro Wagner quiso dar un panorama de la producción teológica protestante en Latinoamérica.
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