El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Ni el convencimiento fervoroso, ni la fe sincera, ni la confesión hecha una y mil veces cambiará la mentira en verdad. La verdad es que se puede estar “muy sinceramente” equivocado.
Después de dar vida a la primera pareja humana, Dios advierte contra los inconvenientes de la soledad.
Podríamos decir sin temor a equivocarnos que “Dios habita en las alabanzas de su pueblo” porque su pueblo fue objeto de la gracia misericordiosa de Dios.
Podríamos llenar muchas páginas de personajes de los cuales se dicen sus nombres y poco más, pero suficiente para saber que formaban parte del pueblo de Dios.
Si de conocerle a Él se trata, tarde o temprano no será sin lágrimas. Porque “el exilio” produce lágrimas.
En la Biblia a los ángeles se los presenta con relativa frecuencia relacionados con los seres humanos; sobre todo asociados con la historia de la salvación de la humanidad.
La historia está llena de ejemplos que indican que sin la ley y el respeto a la misma, estaríamos a favor de lo peor que se pueda dar en el género humano. Y todo a causa de la codicia.
Mucho se ha escrito sobre los consejos de Don Quijote a Sancho. Américo Castro cree que en ellos vierte Cervantes su experiencia de la turbulenta vida que le tocó vivir.
Cuando leo y oigo a alguien expresarse con cierto desdén sobre el estudio serio, en lo referente a la Sagradas Escrituras alegando razones infundadas, siento tristeza.
La Biblia concibe la burla como crueldad contra personas inocentes. El salmo 27 condena a quienes respiran crueldad y se burlan de otros.
El apóstol Pablo escribió sobre la necesidad de estar bien equipados a fin de no caer “en las trampas de los que con astucia emplean las artimañas del error...”.
Se prolongan las razones que Don Quijote tiene sobre la incapacidad de Sancho para gobernar la ínsula. Luego llegan los consejos.
Los que tenemos la responsabilidad de enseñar y guiar a otros con la Palabra de Dios tenemos la responsabilidad de conocerla bien y poner a un lado aquello que, pretendiendo ser verdad, sobrepasa, tuerce o niega el testimonio apostólico.
Tras conocer la carta que Sancho mandó a su mujer me decidí a escribir breves párrafos sobre el género epistolar en la Biblia.
Una de las principales fallas que debe indignar y entristecer al Espíritu Santo es la falta de unidad y, por tanto, las grandes divisiones que existen en nuestro propio contexto “evangélico”.
El valor de la resurrección de Jesús es tal que sin ella, nuestra fe en todo lo demás no tendría sentido alguno.
En las páginas de la Biblia encontramos a otro Quijote: San Pablo. Las generaciones beben de sus cartas las aguas más profundas de la fe y del amor.
Los beneficios que se derivan de aceptar al Señor Jesucristo a través de su evangelio, son sanadores a todos los efectos.
En este capítulo XXXV, segunda parte del Quijote, Cervantes roza el libre albedrío del ser humano. La libertad de elegir un camino u otro.
Pasamos a señalar cuáles eran (¡y son!) aquellos grandes hechos de la Revelación de Dios que conforman la llamada sana doctrina.
Si lo es realmente, la sana doctrina habrá de manifestarse siempre en una vida tanto de santidad como de amor hacia el prójimo.
Las dificultades existentes a la hora de interpretar el texto bíblico (¡Que las hay!) no deberían desanimarnos al enfrentarnos con esa tarea.
Cabalgaba Don Quijote sepultado en los pensamientos de sus amores y Sancho en los disparates de su amo, que muchas veces le planteaban el deseo de abandonarlo y regresar a su hogar.
Sus palabras son la base del conocimiento espiritual verdadero; son como la roca y el fundamento de nuestra vida.
El naufragio más peligroso que cuenta al Nuevo Testamento ocurrió frente a la isla de Malta. El apóstol Pablo era conducido a Roma en calidad de prisionero.
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