El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
En Nicea tenemos, siempre en mi opinión, el primer gran modelo de ejercicio y composición del poder terreno, usando medios imperiales y eclesiásticos: el trono y el altar, que tanto juego ha dado.
José Moreno Berrocal explica la controversia que resolvió este concilio hace 1700 años: “Nuestro señor Jesucristo no es como Dios, no es de Dios, sino que es Dios”.
La mayor consciencia de Dios hace que su sufrimiento por lo que pasa en su creación deba ser mucho más acuciante y desgarrador que lo que podamos sentir nunca ninguno de nosotros.
El Señor de la iglesia está presentándose ante los laodicenses afirmando que Él es digno de crédito, que su palabra es verdad, que ninguno de sus dichos puede ponerse en duda.
¡Yo soy de Cefas, yo soy de Apolo!, se dice en la carta a los Corintios. Pero Pablo dice que todos somos de Jesús. Por Javier Domínguez Angulo
El ateísmo y el concepto problemático del mal.
El ateísmo y el sufrimiento sin sentido.
¿El mal anula la existencia de Dios?
Los laodicenses, por su acomodo tranquilo a la sociedad podían prosperar y vivir cómodos. Esa actitud indefinida Cristo la encontraba repugnante.
Podríamos pensar que tibio sería mejor que frío, pero, al contrario, para Cristo la tibieza es lo peor y le da asco.
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