Desde que se formó esta banda a finales del año 2007, su nombre no ha dejado de sonar en el Reino Unido, donde se han convertido en todo un grupo de culto, cuya manía les ha llevado a la portada del veterano
New Musical Express. Estos cuatro jóvenes se conocieron con poco más de veinte años en un club de folk de Londres, que había montado el músico que ahora toca el banjo con ellos.
Forman parte de un movimiento mas amplío, que ha hecho renacer el folk-rock británico de los años 60 y 70, con grupos como Noé y la Ballena –Noah and The Whale–.
Famosa por su directo, la banda se ha hecho conocida por sus intensos conciertos, en que se entregan con cuerpo y alma a una música, cuyo sonido ha intentado capturar en su primer disco el productor de
Arcade Fire, la formación canadiense que tiene el mayor prestigio en vivo del momento actual. Su sonido pretende aunar de hecho la tradición británica e irlandesa, con las raíces americanas de los Crosby, Still & Nash de los años setenta y la energía sureña del grupo formado a finales del pasado siglo por los hijos de otro pastor,
Kings of Leon –según su propia declaración de intenciones en la página web oficial del grupo–.
¿ESPIRITUALIDAD O RELIGIÓN?
Mumford & Sons dice que quiere hacer “música que importe, sin tomarse a sí mismos demasiado en serio”. Esa humildad que transmite Marcus Mumford, está detrás también del entusiasmo que produce la banda allá donde va.
Sus letras además parecen combinar la capacidad lirica del primer Dylan con la profundidad teológica de U2. Uno no puede dejar de pensar en la desarmante confesión de vulnerabilidad de Bono a principios de los ochenta, al escuchar las primeras líneas de una canción como la que da título y abre el disco
Sigh No More: Sirve a Dios, ámame y enmienda / Esto no es el fin / Vive sin magulladuras, somos amigos / Lo siento.
Marcus describe sus textos como “deliberadamente espirituales, pero decididamente no religiosos”. Habla de “la fe como algo hermoso, real y universal”. Aunque reconoce que los miembros de su banda tienen “diferentes ideas sobre la religión, pero la fe es algo que celebramos”. Ese aspecto doxológico que ha hecho famoso a
U2, está también en Mumford, independientemente del conflicto de su fe.
El hijo de los responsables de La Viña en Gran Bretaña vive la humanidad como “vertiginosa”, pero confía en un amor que nos libere:
Un amor que no te traicionará / fallará o esclavizará, sino que te liberará / para ser más como el hombre que debieras ser. El octavo tema del disco –
Timshel– lleva como título una expresión hebrea que indica posibilidad y se utiliza en el
Génesis en la historia de Caín y Abel. John Steinbeck tiene una discusión sobre su traducción en la novela
Al este del Edén. Su mensaje, cantado por Mumford, es que
no estás sólo en esto.
LA DIFICULTAD DE ACEPTAR LA GRACIA
Ese amor sin embargo no se experimenta sin vergüenza. Uno de los textos más profundos del disco trata sobre la dificultad de aceptar la gracia:
la vergüenza que me alejó del Dios que una vez me amó (Winter Winds). Como en una oración, Mumford ruega que despierte su alma en la canción
Awake My Soul, porque fuiste hecho para conocer a tu Creador. El problema, como se pregunta en otra canción es si
puedes arrodillarte delante del Rey / y decir soy limpio, soy limpio.
La dificultad de Mumford, como la de muchos de nosotros, es cómo aceptar su gracia. Parece que todos mis puentes han sido quemados, / pero tú dices que es exactamente eso cómo esta cosa que llamamos gracia actúa / No es el largo camino a casa el que cambiará tu corazón / sino la bienvenida que recibo cuando empiezo de nuevo (Roll Away Your Stone). Pocas canciones he oído tan profundas como ésta sobre la dificultad de aceptar la gracia de Dios.
Porque necesito libertad ahora / y necesito saber cómo / para vivir la vida como debería ser, dice en The Cave. La cuestión es clara: ¿cómo podemos vivir como debiéramos vivir? La respuesta del Evangelio es que Cristo sólo puede hacer rodar
esa piedra. Esa libertad viene sólo por la fe, no por nuestro esfuerzo y sacrificio.
La gracia no es simplemente el trato benevolente que recibimos de Dios cada vez que fallamos, sino el don que nos capacita para una nueva vida. Es poder, no sólo perdón, una gracia transformadora.
LA FE QUE ACTÚA
La fe que salva es por naturaleza un poder que cambia nuestra vida. “Actúa mediante el amor” (
Gálatas 5:6). Es por eso, que “si no tiene obras, está muerta” (
Santiago 2:17). La buena noticia por lo tanto no es que la obediencia no importa, sino que lo único que nos puede llevar a la libertad de esa nueva vida es la fe. El esfuerzo que hacemos para servir a Dios no es algo que se pueda basar en nuestra fuerza, sino en “el poder de Dios”. Es así cómo “Dios será alabado en todo por medio de Jesucristo” (1
Pedro 4:11). Ya que es “por la gracia de Dios” que “soy lo que soy” –dice Pablo (1
Corintios 15:10)– “y esa gracia no ha sido en vano”.
“Las obras de la fe” son por el mismo poder de la gracia de Dios, que salva por medio de la fe (
Efesios 2:8). ¿De qué manera produce entonces la fe esa libertad para vivir como debiéramos vivir? “En el momento en que dejamos que Cristo se haga cargo de nuestro futuro (
la fe es la garantía de lo que se espera) –dice John Piper–, el resultado inevitable es que las estratagemas que el pecado emplea en la búsqueda de la felicidad comienzan a perderse en la serena confianza de que Dios cuenta con los medios para hacernos aún más felices.”
La fe es “confiar en Dios como aquel que suple nuestras necesidades, estar satisfecho con todo lo que Dios es para nosotros en Cristo” –como suele decir Piper–. Puesto que no son las meras promesas de Dios las que nos satisfacen. “Es todo lo que Dios es para nosotros en sí mismo”.
La fe no es solamente creer, sino ir a Jesús para beber del “agua de vida” (Juan 4:14). Es aquí donde se esconde el secreto del poder de la fe para romper la fuerza esclavizante de la atracción del pecado. La fe y el amor se muestran así –dice Juan (1
Jn. 5:1-4)– como la victoria que vence la dificultad de la obediencia. Por eso, como dice Mumford,
sirve a Dios, ama y enmienda tu vida…
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