Se ha escrito bastante sobre el nicodemismo de Juan de Valdés y Ponce de la Fuente, pero por lo que dice Montes parece lo prudente para aquellos tiempos. Dice “será oportunamente sabio quien, partiendo de una deliberación madura, respondiere de modo sucinto y resolutorio siguiendo el consejo de la prudencia cristiana, la cual ni lesionará a la conciencia por haber tergiversado o menoscabado la verdad, ni con una respuesta excesivamente larga dará a los adversarios ocasión de tenderle nuevos lazos”. Elogia la astucia de un belga que negó ante los familiares de la Inquisición ser el buscado, presentando un documento de un amigo. Dirá de Ponce de la Fuente que evitó una confesión abierta de su fe hasta que la Inquisición descubrió su biblioteca con obras de reformados.
Bataillon también ha defendido el nicodemismo de Juan de Valdés, pero será J.C. Nieto(1) quien nos de las claves de la teología valdesiana para entender el porqué de la aparente indefinición en la que Valdés se asemeja a los alumbrados, erasmistas o luteranos, pero hasta Nieto nadie había dado razones teológicas a su filiación religiosa. Dice Nieto: “ El valdesianismo no es un movimiento “católico” o “católico romano” de reforma en el seno de la Iglesia, sino un intento de fundar y edificar una “iglesia cristiana” independiente del Papa y de la tradición católico romana, apoyada en normas apostólicas y escatológicas, con la doctrina de la justificación por la fe (ex fide sola). Solamente este principio asienta la “Iglesia cristiana” sobre su auténtica base, es decir el propio Cristo. Afirmar que el valdesianismo era un “evangelismo católico” como algunos historiadores creen, es incorrecto; es mejor decir simplemente que era una forma de “evangelismo” o “paulinismo” en el sentido de una ruptura radical con la tradición católica romana.” Dirá más adelante: “Valdés era un nicodemita consciente de su irreparable ruptura con la Iglesia romana, sensible al peligro que corría e indeciso acerca de su destino si hubiera debido abandonar Italia.”
El enfoque que da José Viedma López(2) se aproxima bastante al de Nieto en cuanto que el iluminismo y erasmismo valdesiano preconizan una vuelta a las fuentes, esto es, el Evangelio de la primitiva iglesia. Subraya Viedma que Valdés influido por el “dejamiento” iluminista, no se entregó a una pelea que solo afectara las formas externas de la espiritualidad, a las
adiaphora “cosas indiferentes” que decía Melanchton, sino a la verdadera fe en su esencia bíblica. La tesis de Viedma al nicodemismo de Valdés es la de un cristianismo sin iglesia: “Pero son estos hombres quienes resultan capaces de fundar lo que Kolalowski(3) ha llamado el “Cristianismo no confesional” de los cristianos sin Iglesia, defensores a ultranza del irenismo y la tolerancia.
Este fenómeno de la tolerancia pudo extenderse por toda Europa a raíz de la expulsión de los judíos y la diáspora de los “marranos” y de muchos cristianos nuevos, que huyeron de la discriminación, estableciéndose en Flandes, Francia o Italia. Y así se refugiaron en Amsterdam, como la familia del gran Spinoza, o en Burdeos, como la familia materna de Montaigne... Hubo una época en que fueron cristianos nuevos de origen judeo-español quienes encabezaron el movimiento calvinista en Amberes.”
En cuanto al nicodemismo de Ponce de la Fuente, dice Menéndez y Pelayo(4): “Más que la doctrina, lo que ofende es el
sabor del lenguaje y la intención oculta y velada del autor. En materia de “ Iglesia católica” está ambiguo y cuando habla de la
Cabeza parece referirse siempre a Cristo. No alude una sola vez al primado del pontífice, ni le nombra, ni se acuerda del purgatorio, ni mienta las indulgencias. El libro, en suma, era mucho más peligroso por lo que calla que por lo que dice. Todos los puntos de controversia están hábilmente esquivados. Sólo se ve un empeño en apocar sutilísimamente las fuerzas de la voluntad humana y disminuir el mérito de las obras, aunque recomienda mucho la oración, la limosna y el ayuno y admite la confesión auricular, y se explica en sentido ortodoxo acerca de la misa.”
Menéndez Pelayo da punzante cuenta de otro nicodeismo más combativo de Ponce, quien atacaba directamente a la Compañía de Jesús que se había establecido en Sevilla y calificaba a esta de secta de “alumbrados”, aunque al no conseguir su propósito quiso ingresar en la Compañía. Al ser llamado al castillo de Triana por la Inquisición varias veces y decir que “aun estaba verde” para ser quemado, tomó todas las precauciones, pero cuando le hallaron su biblioteca con libros luteranos, sería encarcelado y muerto en prisión.
Doris Moreno se hace estas preguntas sobre el caso Luis Vives quien después de haber tenido que emigrar de España a los 16 años, de haber visto a la Inquisición matar a su padre y “relajar en estatua” a su madre, amén de otras víctimas familiares, le dedique su obra
De pacificatione al inquisidor Manrique: “Los silencios de Vives son todo un enigma. ¿Cómo hay que interpretarlos? ¿Se trata de un caso de traición a su identidad, de desarraigo familiar, de desmemoria voluntaria? ¿Se trata de un ejercicio de nicodemismo, de disimulo desde su condición de criptojudío y en este caso Vives engañó a todos sus amigos erasmistas? ¿Se trata simplemente de un miedo que no le dejó margen ni al resentimiento por gratuito ni a las lamentaciones por inútiles? No parece haber respuestas rotundas a estos interrogantes”
1) Juan de Valdés y los orígenes de la Reforma en España y en Italia. José C. Nieto 1979
2) EL NICODEMISMO DE JUAN DE VALDÉS José Biedma López. Vicepresidente de la Asociación internacional de amigos de Juan Huarte de San Juan. (Sobre Huarte dice que es un alumbrado como Juan de Ávila, aunque lo sospechamos según una estudio de José Javier Biurrun Lizarazu, Huarte de San Juan: vida y obra en el contexto político y religioso de la España del siglo XVI este sería “calvinista”)
3) Citado por José Biezma López en “El nicodeismo de Juan de Valdés”
4) Historia de los heterodoxos españoles Marcelino Menéndez y Pelayo
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